Lupa en mano y cámara en ristre, paseando por lo mejor y lo peor de la ciudad
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miércoles, 19 de septiembre de 2012

Las Teresitas: el deterioro que no cesa

Si eran pocas las señales de deterioro de la playa de Las Teresitas, en Santa Cruz de Tenerife, ahora se ha añadido una más: la de la rotura del tramo final de la vía asfaltada, que viene de los aparcamientos. Es una de las secuelas que dejó el enfurecido mar de fondo que, coincidiendo con la marea alta de la madrugada del pasado 30 de Agosto, inundó y destrozó gran parte de la primera línea del marinero barrio de San Andrés.
Ha pasado algo más de dos meses. Se trabaja a fondo para subsanar y proteger la citada línea. Se debate la altura del murete que la Dirección General de Costas y el Ayuntamiento han decidido levantar, provisionalmente, para evitar que se repita otro episodio como aquel, pero no hay visos de atender la fractura que aparece en el asfalto de la pequeña rotonda que han de rodear todos aquellos que llegan al final de la playa con un vehículo. El último tramo de la vía, que comprende desde el acceso a la playa, previo a la sede de la Cruz Roja, hasta la citada rotonda, está cortado y sólo se puede transitar a pie o en bicicleta. Comparado con lo ocurrido en el frente del barrio, es un mal menor, pero mucho nos tememos que su recuperación, si se llega a dar, no la veremos antes del próximo verano. Se convertirá, pues, en un indicio más de la desidia y deterioro manifiestos, desde hace ya demasiado tiempo, de aquel bonito rincón.
Nadie duda de la magnífica playa artificial que se obtuvo en los 70, a pesar de los inconvenientes de una arena que está fuera de lugar. Tampoco se cuestiona el avance que supuso contar con unas amplias superficies de asfalto para el aparcamiento. Lo lamentable es constatar que para poder disponer del resto de instalaciones adecuadas, ha habido que pasar por un concurso público de ideas, muy controvertido en su fallo, mucho más contestado desde que se vieron los primeros movimientos de tierra y la construcción de parte del desgraciadamente conocido "mamotreto" y, recientemente, anulado por el actual Consistorio.
Si hacemos todo el recorrido del recinto playero, partiendo de la aciaga construcción, no es difícil ir encontrando muestras constantes del lamentable estado al que se le ha dejado llegar. Veremos gran parte del piso próximo a los flamboyanes y palmeras del aparcamiento, fragmentado y descarnado. Sobre todo, en el nivel más cercano a la montaña, a donde no debió llegar el presupuesto fijado para hacer el superficial lavado de cara del reciente Agosto. 

Si continuamos en este nivel del parking, a la altura de los accesos 6 y 7, una especie de lengua de tierra invade el espacio de 21 aparcamientos en batería, inutilizándolos para su uso y perjudicando, especialmente, a los que acuden con su vehículo los domingos y festivos del verano.
Continuando por el camino de asfalto nos encontramos, frente a la trasera de la Cruz Roja, los restos de las bases sobre las que se apoyaban cuatro grandes prismas que debieron servir de oficinas o viviendas para el personal de la empresa constructora OHL, encargada de mover tierras antes de iniciar las obras que fueron paralizadas por el juez responsable del caso Teresitas.
Más adelante, en una pequeña explanada pegada a la pared del Roque de los Órganos, existen dos enormes contenedores, semienterrados, que sirven de vertederos de todo tipo de resto que se quiera vaciar allí, en especial, bolsas de basura que dejan los bañistas que pasan los fines de semana en sus alrededores, en la época veraniega. Cuando el sol y el calor dan de lleno y los alisios se dejan sentir, el hedor de la zona se hace insoportable.
Como cierre de los desastres en este trayecto de ida, la antes comentada rotura del punto más alto de la rotonda final y un rótulo que lleva muchos años allí. Prohíbe, en varios idiomas, el paso de peatones por el dique que forma parte de la protección de la playa. El embate de las olas, en aquel lugar, suele ser peligroso en muchas ocasiones y actualmente tiene varios tramos destrozados también por el último temporal. Nunca nadie ha respetado ese cartel, que allí continúa como elemento decorativo.
En el camino de vuelta, si lo hacemos junto al muro que sirve de límite con la arena, tendremos la oportunidad de disfrutar de la visión del mar y las palmeras, pero también del uso impune de éstas como columnas de apoyo de numerosas hamacas amontonadas junto a ellas o bajo la sombra de varias agrupaciones de uvas de mar, ocupando mucho espacio y restándoselo a los usuarios que quisieran aprovechar esas sombras. También es frecuente encontrar invadida la de muchas palmeras individuales con hamacas vacías, pero que quienes las alquilan las tienen reservadas para sus futuros clientes.
Hace un par de veranos, presenciamos los malos modos con que un hamaquero se negó a dejar libre una de esas sombras, requerida por unas bañistas que querían protegerse bajo la palmera. Ante su negativa, aquellas señoras fueron en busca de los policías asignados a la vigilancia de la playa. Bastantes minutos más tarde, éstos se presentaron, dieron la razón a las usuarias e hicieron un informe para que, en un futuro inmediato, se dejaran libres de hamacas todas las palmeras ocupadas. Esta es la fecha en que nada de aquella situación ha cambiado. Todo lo contrario: cada vez, hay más ocupadas por hamacas sin alquilar.
Otro apartado tristemente mencionable es el de los ruidos y olores a gasoil que parten de los distintos kioscos que se intercalan en esa línea del muro limítrofe con la arena. Los generadores que poseen para disponer de electricidad, se encargan de enrarecer la paz deseable en recintos como este.
Si a ese desagradable olor le añadimos el nauseabundo de algunos de los desagües de estas mismas instalaciones, se pueden imaginar fácilmente lo irrespirables que pueden llegar a ser determinadas zonas.
Éstos son, a grandes rasgos, los signos más evidentes de lo que representa un deterioro lamentable de la que, desde hace muchas décadas, debiera ser la joya más preciada del litoral capitalino y, más aún, cuando ya no se cuenta con el que fuera referente veraniego de los santacruceros, el antiguo Balneario de Educación y Descanso, ni tampoco con el más reciente proyecto de la playa de Valleseco.
La sensación que tiene el que va allí con frecuencia, es de que la autoridad no existe, -aunque haya un puesto de la Policía Local, a mitad de playa-, y a nadie le importa el deplorable aspecto que va mostrando el lugar, a medida que pasa el tiempo. La lentitud de una Justicia sobrecargada y los muchos intentos de especulación, más o menos oculta, que han existido en torno a Las Teresitas, desde hace casi medio siglo, van a contribuir a que esas muestras aumenten, si alguien con más sensibilidad y visión de futuro no lo remedia.

(El 10 de Noviembre de 2011 se publicó esta crónica en loquepasaentenerife.com. A día de hoy, absolutamente nada de lo relatado aquí ha cambiado en aquel recinto costero. Más bien, el deterioro se agudiza y aumenta lamentablemente.)

viernes, 3 de agosto de 2012

Belleza con forma de árbol

Entre los rasgos que caracterizan a Santa Cruz de Tenerife destaca, para mí, el de la vegetación. Una vegetación diversa y frondosa que encontramos por todas partes: jardines públicos y privados, parques, ramblas, aceras... No andan muy lejos los días en que muchas de nuestras calles se vieron forradas por una alfombra de color malva, tejida por las flores que se desprendían de los efímeros y espectaculares jacarandás tan frecuentes en nuestra ciudad. Enredaderas con explosión de colores en una gran variedad de buganvillas, plantas autóctonas, flores de todo tipo y tamaño, aunque el verano no es muy propicio para estas últimas. Sin embargo, en esta extraña estación que nos está tocando vivir, podemos contemplar la belleza que poseen varios ejemplares de árboles, que se encuentran en determinadas zonas de esta capital y que poseen ese distintivo floral que ha hecho que me fijara en ellos. No soy especialista en el tema y eso hace que ignore el nombre y las características de casi todos, por lo que sólo ha sido el punto de vista estético el que me ha movido a hacerles partícipes de estos descubrimientos visuales. 
Lo que llama la atención de ellos es su singularidad. Es descubrirlos entre la monotonía verde, propia del estío, lo que les hace más especiales. El rey, por excelencia, es el flamboyán o flamboyano, omnipresente, no sólo en esta ciudad, sino a lo largo y ancho de nuestras islas. Esas flameantes sombrillas naturales, de amplísimo diámetro y exuberantes flores rojo-naranja, las encontramos por todas partes. Donde quiera que vayamos nos reciben, nos saludan, nos acompañan y nos protegen de la radiación solar, por cualquier camino que recorramos. Tanto podemos encontrarlo en solitario, adornando, por ejemplo, un aparcamiento de las afueras como alineado a otros muchos de la especie, en una de las filas de estacionamiento de la playa de Las Teresitas. Es un árbol muy familiar para cualquier santacrucero y, desde pequeños, aprendemos su afrancesado nombre. No me ocurre lo mismo con otras muestras bellísimas que, a diario, suelo encontrar en mis recorridos urbanos y de los que no tengo la suerte de saber cómo se llaman. Sin duda, más de uno de los amables lectores que tienen a bien visitar este blog, estarán capacitados para identificarlos y, desde aquí, les invito a que nos ilustren sobre todo aquello que puedan saber de estos árboles que nos alegran la vista.

Como información complementaria a las imágenes que publico, decir que para localizarlos tendrían que visitar la playa de Las Teresitas, donde además de la exultante línea de flamboyanes encontrarían, cerca de la construcción de la Cruz Roja y casi desapercibido entre las uvas de mar que jalonan el recorrido de los vehículos, un único ejemplar que muestra una tenue y delicada floración rosiblanca, a punto de desaparecer por las embestidas de los alisios tan típicos del verano y de aquel lugar. También tendrían que pasear por la calle de José Víctor Domínguez, en la trasera de la Clínica San Juan de Dios, y por la Avenida de los Príncipes de España, en la zona de Ofra, para admirar unas peculiares flores en matices claros y oscuros del rosa magenta, que surgen directamente de las ramas del árbol que las sostiene y en las que no hay hoja verde alguna. Sin salir de este populoso distrito, pueden acercarse a la de Elías Bacallado, para maravillarse con dos estilizados y poco frondosos ejemplares que captan la atención de cualquiera por el intenso color rojo cadmio, de sus menudas floraciones. Por último, podrían disfrutar con dos o tres más en la calle de Eladio Roca Salazar, muy cerca del Instituto de Enseñanza Secundaria Las Indias. Quizá, éstos pudieran ser hermanos del único existente en Las Teresitas, pero mostrando, en esta ocasión, flores rojas que semejan una fina gasa de ese tono tan cálido, que sólo cubre partes de follaje verde.
Como ven, esta especie de primavera tardía nos está permitiendo que, de momento, nos extasiemos con la visión de estas maravillas con forma de árboles. Si el verano al que estamos acostumbrados por estas latitudes capitalinas, apareciera, es muy posible que lo que hoy les he mostrado, esconda su aspecto actual y esos distintivos cromáticos que surgen radiantes, entre el verdor generalizado de nuestros parques y jardines, formen parte de ese ejército verde y lleguen a pasar desapercibidos hasta el próximo año. Por si esto ocurre, les aconsejo que, en cuanto les sea posible, admiren estos bellísimos ejemplares y disfruten con su visión.

(Esta crónica fue publicada, en loquepasaentenerife.com, el 13 de Agosto del pasado año. Hoy, casi doce meses después, muchos de los árboles descritos y ubicados se mantienen con el mismo aspecto, a pesar de que este verano esté siendo más seco y caluroso que el de entonces).