Siempre, pero más aún en los tiempos que corren, el término reja se asocia a una serie de connotaciones que no están, precisamente, relacionadas con la Belleza. Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en una de sus acepciones dice que es un conjunto de barrotes metálicos o de madera, de varias formas y figuras, y convenientemente enlazados, que se ponen en las ventanas y otras aberturas de los muros, para seguridad o adorno. Un sinónimo de la reja es la verja, aunque ésta, siendo precisos, se refiera a lo que se entiende por una cerca.
Al arte de construir rejas se le llama rejería y es, sin duda, una de las actividades artísticas más importantes del trabajo del hierro y en el que se incluyen desde las verjas que cierran capillas y coros en los edificios religiosos, hasta las que lo hacen en la arquitectura civil, además de las que aparecen en balcones y vanos de las fachadas. La rejería, al igual que las demás artes decorativas, participa de la evolución de los estilos artísticos de cada época y, según éstos, se han ido configurando los barrotes y, por extensión las rejas.
Las más elementales y primarias se dieron en el Románico, allá por los siglos XI, XII y gran parte del XIII. Por contra, es en el XVII y muchos años del XVIII cuando el Barroco ofrece los diseños más recargados y ostentosos, con más peso ornamental. A finales del XIX y el primer tercio del XX, el predominio de la forja en hierro, para la rejería modernista, dejó magníficos ejemplos cuyas líneas ovaloides y blandas sustentan motivos vegetales y animales de gran fantasía.
En nuestra ciudad abundan las rejas por donde quiera que nos movamos. Sobre todo, formando parte destacada de los balcones. Siendo, incluso, su principal protagonista. La inmensa mayoría no tiene pedigrí histórico alguno, por razones obvias, aunque en unas pocas existe la inspiración modernista que llegó hasta nuestra tierra y dejó excelentes ejemplares, como el de la cancela que preside el acceso al palacete que ocupa la esquina formada por la Rambla de Santa Cruz y la calle del General Ramos Serrano. Otras cancelas espectaculares y de diseño vanguardista, a todas luces, son las que dan paso a los centros educativos de El Chapatal, situados en la calle Unamuno, la cual desemboca en la misma Rambla. En su día, fueron muy controvertidas, sobre todo, porque no se está acostumbrado a ver y aceptar este tipo de manifestaciones tan extremas y sin aparente catalogación artístico-estética.
Las fotografías son, en esta entrada, lo más fundamental. Sin ellas, difícilmente podría hacerles comprender cuánta belleza puede llegar a mostrar este elemento que, además de significar seguridad, representa un añadido ornamental de mucho valor. Dispongo de más de una treintena, pero incorporarlas todas entraña una dificultad técnica para la estructura de la página y, también, una saturación, por lo que he elegido las que me parecen más valiosas, desde un punto de vista personal, como siempre, y especialmente estético, invitándoles a descubrir muchas más, en cuanto puedan hacerlo. Tampoco hago referencia a las direcciones en que pueden encontrarse, porque no resulta relevante en esta ocasión, dado que proliferan por cualquier rincón de la capital, aunque no me sustraigo a la idea de hacer una mención especial a las de las calles Numancia, Imeldo Serís y Castillo y sus pequeñas aledañas.